La era digital, entendida como la adopción y el uso generalizado de la tecnología digital, ya sea mediante dispositivos electrónicos, sistemas de comunicación y redes de información, ha traído consigo diversos avances tecnológicos en diferentes ámbitos. Esta era digital inició en 1960 junto a la llegada del Internet, que trajo consigo las redes sociales y los artefactos tecnológicos. Entre los factores más resaltantes en la era digital tenemos: IoT (Internet of thing) es el que más ha influenciado esta era y ha sido primordial para su desarrollo, las TIC (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones) favorecen la propagación de conocimiento y datos que incluye a más individuos en la revolución digital, big data; el uso masivo de datos con ciertos fines y objetivos puede ser una de las herramientas que determine ciertos patrones de comportamiento no solo a nivel social, ya que, puede ser aplicado prácticamente en cualquier campo y la IA (Inteligencia Artificial); combina el uso de Internet, la información y la comunicación con base en un volumen de datos masivo y, con todos estos ingredientes, surge un intento de imitación de un comportamiento razonado, parecido al del ser humano. La década de los 2000 trajo consigo el auge de las primeras redes sociales, como por ejemplo Friendster, Linkedin o Myspace. Ya para el 2004, Mark Zuckerberg, crea Facebook, convirtiéndose rápidamente en la red social más exitosa y grande en línea que, durante mucho tiempo, fue la red social predeterminada para jóvenes y adolescentes. Es importante mencionar que la popularidad de estas redes se basó en la facilidad de acceso por parte de adolescentes y sobre todo por el contenido de los perfiles creados. El internet ha cambiado muchas formas de nuestra vida diaria; cómo trabajamos, percibimos y nos relacionamos, pero también es parte de varias problemáticas que afectan nuestra salud tanto mental como física. Sin embargo, ya por el 2015, diversos estudios mencionan la relación negativa entre las plataformas digitales y el deterioro de la salud mental, esta última entendida como aquella ausencia de dificultades o alteraciones psicológicas que impiden el desarrollo normal de las actividades cotidianas, el funcionamiento apropiado del cerebro, el control de emociones y pensamientos, y el adecuado desarrollo conductual del individuo. Estas dos variables se han relacionado estrechamente con el avanzar de los años, tanto así que, como menciona Giraldo (2020), hay estudios que demuestran que la ansiedad y depresión pueden ser generados por un excesivo uso de pantallas digitales. Debido a este y diversos estudios, nosotros consideramos que la era digital repercute negativamente en la salud mental, genera adicciones y trastornos mentales, especialmente en los adolescentes, si se utiliza sin moderación. A continuación les explicaremos detalladamente nuestras razones.
Si bien es innegable que las plataformas digitales ofrecen múltiples ventajas, como la facilidad de mantenerse informados, conectarse con otros y acceder a recursos educativos como las diferentes plataformas de aprendizaje (Quizizz, Kahoot’s, etc.), IA’s que nos ayudan tanto en lo académico como lúdico, también han demostrado tener un lado oscuro que afecta la vida de los estudiantes de manera perjudicial. La definición de la adicción a las redes sociales (Watson, 2015, como se citó en Sánchez, 2019) se manifiesta a través de una preocupación excesiva por el uso de estas plataformas, intentos infructuosos de desconexión y una disfunción en la vida cotidiana debido a este comportamiento. Esta adicción no solo afecta su bienestar mental, sino que también tiene un impacto directo en su rendimiento académico al dificultar la concentración y la gestión eficiente del tiempo. Además, los medios digitales como las redes sociales, plataformas de streaming, blogs, IA en videojuegos, etc., han fomentado un fenómeno de procrastinación académica entre los estudiantes. Como señala el estudio de Matalinares et al. (2017), los estudiantes tienden a posponer las tareas académicas esenciales en favor de actividades menos relevantes, pero más inmediatamente gratificantes. Esto crea un ciclo de procrastinación que socava la calidad de la educación y obstaculiza el éxito académico. El mismo estudio en la Universidad de Arequipa revela que el 85.91% de los estudiantes presenta algún nivel de procrastinación académica. Este comportamiento perjudicial se ha vuelto más común debido a la facilidad de acceso a las redes sociales y la constante distracción que ofrecen. (pp. 114-115). Es entonces que se demuestra una relación directa entre la adicción por el uso de las redes sociales y la procrastinación académica; estos últimos son dos problemas significativos que están socavando la salud mental y el rendimiento académico de los estudiantes, ya que, para Furlan et al. (2014), la procrastinación está relacionada directamente con una elevada ansiedad ante los exámenes porque, al no estudiar a tiempo, comenzamos a tener pensamientos negativos y obsesivos que nos dice “no llegaremos a estudiar todo”, generando así preocupación excesiva y pérdida de concentración (p. 32). Es fundamental abordar estos problemas y promover un uso responsable de las redes sociales para garantizar que los jóvenes puedan aprovechar las ventajas de la era digital sin comprometer su bienestar y su futuro académico.
El uso excesivo de los medios digitales en los adolescentes ocasionalmente resulta en trastornos del hábito del sueño. Como lo refiere Talero, Durán y Pérez (2013), “El sueño es mucho más que un simple acto de suspensión de los sentidos y de todo movimiento” (p. 336). Si bien en la adolescencia, los cambios en el sistema nervioso central ocasionan un desbalance normal en los antiguos patrones de sueño, existen otros factores que influyen negativamente en dicho hábito, entre ellos los medios de comunicación y las nuevas formas de tecnología, los cuales desencadenan trastornos que afectan su vida diaria. Los adolescentes aún están en edad escolar y que ellos tengan una mala higiene del sueño se traduce muchas veces en un mal rendimiento en sus escuelas. “Se debe dar un horario adecuado al sueño, pero también ser regular con los tiempos; en los adolescentes las alteraciones en los horarios de descanso ocasionan una falta de atención, concentración, razonamiento y habilidades psicomotoras” (Andreu y Arboledas, 2013, p. 22). Un mal hábito del sueño influye en el estado de ánimo y en un mal funcionamiento del sistema nervioso encargado de regular la conducta. Los adolescentes pueden mostrarse irritables, agresivos, muy poco tolerantes hacia la frustración, entre otras alteraciones en su comportamiento. Este tipo de situaciones pueden evitarse fácilmente sin la necesidad de llegar al uso de fármacos o la visita a profesionales. “Limitar el uso de dispositivos electrónicos una hora antes de dormir es ideal, puesto que la luz y el brillo de las pantallas causan cambios en el patrón de sueño” (Masalán, Sequeida y Ortiz, 2013, p. 561). Estas son solo algunas formas del plan de acción que se deben tomar para frenar esa insuficiencia presente en el hábito del sueño de los adolescentes.
Entonces, a medida que el uso de los aparatos electrónicos se volvió masivo y “democrático” (casi todos poseen al menos uno); hubo, a la par, un negligente manejo del uso de los mismos, pues se ha evidenciado una mayor dependencia o soporte hacia las plataformas digitalizadas. “Algunos estudios informan correlaciones del tiempo frente a la pantalla con trastornos que debilitan nuestra salud mental. Estudios adicionales informan cambios en la anatomía y fisiología del cerebro relacionados con los medios digitales” (Giedd, 2020, como se citó en Benítez, Cortés y Hernández, 2016). Esta adicción a las redes sociales ha ocasionado, principalmente, la presencia del aislamiento social en la vida de los individuos, ya que, este arraigo a las redes sociales cumple con la satisfacción “aparente” de sus habilidades interpersonales y los mantiene sumidos en ese engaño. Esta práctica presenta efectos contraproducentes en la salud mental de los individuos, pues, “los usuarios de Internet que pasan más de 6 horas al día tienen más probabilidades de tener niveles más bajos de felicidad y satisfacción con la vida”. Sostiene el estudio PISA de la OCDE. Así como presentar “[...] problemas de aprendizaje, atención y toma de decisiones. Esto se debe a que cuando no hay una relación con el entorno, el cerebro no recibe los estímulos adecuados y no trabaja de la forma adecuada” (Benítez, Cortés y Hernández, 2016). Esta correlación entre dependencia de las redes sociales y aislamiento social es fundamental a la hora de explicar el porqué del rápido y desentrañado desarrollo de los impactos negativos en la salud mental. Las cuales son fruto de un “hábito” negativo en esta nueva era digital: la adicción a las plataformas digitales.
Como mencioné con anterioridad, el uso desmesurado de estos medios digitales provocan aislamiento social, porque este último genera una preponderancia hacia un mundo “ficticio” en el cual solo se aprecian fragmentos de la vida de las personas; por lo general, su parte más positiva, dejando un espacio por llenar. Un espacio que no debe ser mostrado (estigmatización), hasta el punto de llegar a presentar trastornos como la disociación de la realidad fomentada por una “cultura de estándares”. Un ejemplo de estos casos, es la anorexia. En relación con los efectos negativos de las redes sociales, la Organización Mundial de la Salud, 2021, como se citó en Fundación Fepropaz (2022), sostiene que:
Las redes sociales son los únicos medios que permiten a las personas exhibir sus imágenes “más atractivas” y eliminar aquellas que son impopulares; por lo tanto, los jóvenes, en particular, deben ser conscientes del potencial nocivo de la promoción de la imagen corporal, ya que, puede provocar problemas psicológicos como la depresión. [sic]
Estos problemas presentan una naturaleza compleja, pues, afectan directamente a la propia percepción y conciencia que se tiene de uno mismo, y esto es más agravante en los adolescentes porque afecta a su desarrollo cognoscitivo. Un detonante de esta falsa autopercepción puede ser los comentarios versados en redes y hasta en distintos blogs, apoyándose en la falacia ad populum (Sánchez, & Benítez, 2022). Llevando al agraviado a ser susceptible a situaciones de estrés, depresión y rechazo a uno mismo.
Ahora bien, siguiendo la misma línea, es de saber general que la mayoría de personas nos comparamos constantemente, ya sea con la apariencia de un personaje o su estilo de vida exuberante; pero estas comparaciones banales actualmente han tomado mayor relevancia en la era digital, donde estas últimas alimentan día con día las inseguridades del adolescente vulnerable que, muchas veces, utiliza las diferentes plataformas sin regulación. En primer lugar, provoca una distorsión corporal que, según Bruch (1962), “es una desconexión entre la realidad de la forma y estado del cuerpo, y concretamente como una alteración en la autopercepción” (pp. 188-190). A través de los medios digitales es en donde nosotros comparamos nuestra apariencia con los modelos impuestos, repercutiendo así negativamente en nuestra salud mental y, como nos comenta Royal Society for Public Health (2017), especialmente en la autoestima e imagen corporal de las personas; particularmente entre las mujeres, ya que, 9 de cada 10 adolescentes afirman no estar satisfechas con su imagen. Tan solo a Facebook se suben 10 millones de fotografías por hora, incrementando así las posibilidades de compararse y querer cambiar su apariencia luego de navegar en estas plataformas. En segundo lugar, promueve una aspiración a estilos de vida poco realistas y que, al no alcanzarlos, poco a poco nos desgasta mentalmente. Esta especie de curiosidad que tenemos por la vida de nuestros ídolos o por cualquier persona en general, viene desde hace mucho tiempo atrás, como se mencionó en BBC News Mundo: ‘’tuvimos páginas de sociedad que publicaban relatos de celebridades al estilo Kim Kardashian en periódicos del siglo XIX, mucho antes de que tuviéramos la revista People, que surgió con anterioridad a las historias de Instagram” (Arneson, 2021, como se citó en BBC New Mundo, 2021). Pero con el uso masivo de las redes sociales, blogs, etc., se ha intensificado y difundido con mayor celeridad. "Usamos a otros como datos", dice Romanoff. "Los seres humanos utilizan estos datos para realizar evaluaciones acerca de sus propias vidas. Vivimos en sociedad y necesitamos hablar con otros miembros de nuestra comunidad para tomar decisiones de valor” (Romanoff, citado en BBC New Mundo, 2021). Lo anterior mencionado no es necesariamente bueno o malo, lo que ocurre es que al crear juicios con respecto a la vida de los demás, nos coloca en segundo plano y nos “obsesionamos” por la vida ajena que muchas veces es imposible conseguirla porque son estilos de vida copiosos que solamente genera ansiedad y depresión en jóvenes y adolescentes. Según el informe titulado #StatusofMind (Estado Mental), citado de la BBC News Mundo (2018), “el 91% de los jóvenes de entre 16 y 24 años usan diferentes plataformas para relacionarse. Y los índices de depresión y ansiedad en esa franja de edad han aumentado un 70% en los últimos 25 años”. Esta encuesta fue realizada a 1.479 jóvenes de 16 a 24 años de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Por esto es necesario reflexionar sobre nuestra vida y tratar de no dejarnos llevar por la “perfección” que se muestra a través de las pantallas, ya que, por más que nos parezca asombrosa, estas ambiciones a un “mejor futuro” no hace más que estancarnos en el pensamiento de que jamás podremos cambiar nuestra vida, cuando en realidad podemos ser felices desde nuestro propio estilo de vida e incluso podemos ir mejorando poco a poco, pero a nuestro ritmo.
En estos dos últimos argumentos abordaremos un tema “común” que lamentablemente se ha ido normalizando. Si bien la violencia entre adolescentes no es un tema reciente, la llegada de la nueva era digital ha hecho que el bullying, como se le conocía en un principio, se traslade al internet, tal vez porque el anonimato que las redes y la tecnología les ofrece, actúa como una barrera protectora que permite que sigan perpetrando el acoso o marginación hacia sus víctimas sin sufrir consecuencias aparentes. Como lo menciona Varela (2012), “el cyberbullying como el bullying se caracteriza por su intencionalidad de causar daño, repetición de la conducta agresora y desequilibrio de poder entre el acosador y la víctima” (p. 167). Los tipos de comportamiento que evidencian los acosadores en línea se basan en el hostigamiento continuo, la denigración o mancillación de la dignidad, la exclusión social, amenazas e incluso pueden llegar a la violación de la intimidad. Souza y Ferreira (como se citó en Marín, Franco, Betancur y Vélez, 2020) mencionan que tanto el agresor como la víctima comparten dos características fundamentales, el uso problemático del internet y la soledad. Al respecto, se considera que estar en línea por mucho tiempo (más de tres horas diarias) corresponde a un factor de riesgo que podría llevar a situaciones de acoso. El cyberbullying es una amenaza real hacia el bienestar mental y psicológico de los adolescentes, por ejemplo, en Perú, estudios realizados por Aldeas Infantiles SOS revelaron que el 61% de niños y adolescentes aseguraron haber sufrido de esta forma de acoso. Las consecuencias se dejan ver en la conducta de los jóvenes que tienden a la baja autoestima, asimismo pueden sufrir de trastornos psicológicos como la ansiedad y la depresión, llegando incluso a somatizarlos. Además, las víctimas pueden hallar una forma de escape en el consumo de sustancias o realizar autolesiones y, en su etapa más crítica, llegar a cometer suicidios.
Como segundo punto es relevante tomar en cuenta otra forma de agravio, el grooming, que en la era digital ha emergido como una amenaza grave para los menores de edad. Según el Código Penal Español, artículo 183, el grooming se define como "la conducta consistente en contactar a un menor de 18 años por medios tecnológicos, proponiéndole concertar un encuentro, acompañando dicha propuesta con actos materiales encaminados al acercamiento y con la finalidad de cometer determinados delitos contra la indemnidad sexual del contactado". Esta definición pone de manifiesto la naturaleza peligrosa de este comportamiento, que no solo implica el contacto con menores en línea, sino también la intención de cometer delitos sexuales (p. 2). El primer aspecto que debe destacarse es la forma en que se produce el grooming. La mayoría de los casos comienzan en medio digitales, con un 54% de incidencias. Esto demuestra cómo las plataformas en línea se han convertido en un terreno fértil para el acercamiento a menores por parte de adultos malintencionados. Los chats representan el 23% de los casos, y el correo electrónico se encuentra en tercer lugar con un 10%. Esto pone de relieve la necesidad de una regulación y supervisión más estricta en las redes sociales y otros espacios en línea para proteger a los menores. (pp. 15-16). En cuanto a la duración de estos encuentros en línea, la mayoría de los casos no superan el año. El 77% de los casos tienen una duración inferior a esa marca, y en la mayoría de los supuestos, la interacción se limita a varios días (33%) o incluso un solo día (19%). Este breve período de interacción subraya que el grooming no suele ser un proceso prolongado; sin embargo, es preocupante que en el 23% de los casos, la interacción dure más de un año, lo que indica un nivel alarmante de persistencia por parte de los perpetradores. (pp. 14-17). En términos de consecuencias emocionales para las víctimas, es evidente que el grooming tiene un impacto negativo. La mayoría de las víctimas informaron de sentimientos de "otros", que en muchos casos se identificaron con indiferencia, especialmente en los casos de grooming entre iguales. El miedo también se experimentó más en las víctimas de grooming por parte de adultos en comparación con el grooming entre iguales. Esto refuerza la idea de que el grooming causa un profundo malestar emocional (ansiedad, depresión, inseguridad para con los demás) en las víctimas y, este impacto, es especialmente grave cuando implica interacciones con adultos malintencionados (p. 15).
En suma, hemos mostrado diferentes argumentos en torno a la influencia de la era digital (internet, big data e IA) en nuestra salud mental, como, por ejemplo, las comparaciones constantes que promueven estas plataformas en donde los jóvenes distorsionan su imagen corporal e idealizan los estilos de vida que observan en los diferentes medios digitales, el aislamiento social que produce el estar constantemente pegados al celular o como se le conoce: ‘’dependencia a los dispositivos móviles” y que esto repercute de manera negativa en la forma en cómo nos relacionamos con los demás; también hablamos sobre cómo nos afecta este uso masivo de las tecnologías en nuestro ciclo de sueño, generándonos malestares emocionales y hasta un bajo rendimiento académico por estar pendiente de aquellos dispositivos, tanto que no podemos concentrarnos, lo que origina también procrastinar y dejar los pendientes para último momento; y abarcamos el cyberbullying y el grooming, es evidente que en ambos nos impacta de manera negativa en nuestra salud mental ocasionándonos depresión y ansiedad, así como un impacto negativo en la autoestima. Es por todo esto que nosotros reafirmamos que la era digital y todo su conjunto, influye de manera negativa en la vida de los jóvenes y adolescentes que los utilizan sin mesura. En consecuencia, recomendamos, no solamente desconectarse y dejar de lado estas tecnologías, sino que se debe limitar el tiempo de uso; ser selectivo a la hora de seguir a alguien o verlo como nuestro “modelo a seguir” y enfocar nuestra lista de seguidos en contenido positivo y constructivo; priorizar tu bienestar emocional, si percibes que te está afectando de forma negativa entonces es hora de hacer otras actividades que te motiven; sé auténtico y fomenta una cultura de autenticidad para así generar un cambio en nuestra sociedad y ayudes a otros jóvenes que están atrapados en el juego de “la vida perfecta”. No olvidar que la tecnología puede ser un siervo útil, pero un amo peligroso.
REFERENCIAS
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Me ha gustado el tema. Realmente las redes sociales sí nos afectan, sin embargo, es responsabilidad de nosotros mismos reflexionar sobre el uso correcto que hacemos de estas para no caer en un vacío y/o actividades no productivas que fomenten el sedentarismo.
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Eliminar¡Completamente de acuerdo! Tu perspectiva es crucial: reconocer el impacto de las redes sociales en nuestras vidas es el primer paso hacia un uso más consciente y saludable. La responsabilidad individual desempeña un papel esencial en cómo navegamos por estas plataformas.
Un tema con amplia información. Debemos manejar de forma adecuada y aprovechar de manera óptima las herramienas que nos brindan esta era digital. Asi mismo, saber controlar el tiempo de uso de dichas herramientas para no caer en un vicio.
ResponderEliminarTema con amplia información e interesante. Hablar sobre la era digital es tocar temas como el vicio, Inteligencia Artificial, etc. Hay que aprender a darle el mejor uso a las herramientas que nos brindan esta era digital. Asi mismo, saber control el uso y el tiempo que empleamos en ellas para no caer en ningún tipo de vicio.
ResponderEliminarCreo que es un tema es muy interesante y está siendo bien abordado, los argumentos son claros y concisos. Me llevo una grata experiencia al leer sus líneas.
ResponderEliminarGran trabajo. La era digital es una bendición si la usamos bien y una maldición si no nos controlamos, gracias por informar de un tema tan importante y hacerlo con un gran uso de las herramientas lingüísticas, todo muy claro y muy bien desarrollado.
ResponderEliminarLa redacción es excelente, y aborda una cuestión crucial. La era digital ha traído consigo indiscutibles ventajas, pero los desafíos y efectos negativos en la salud social no pueden ser ignorados. Es imperativo que la sociedad aborde estos problemas de manera crítica y responsable para preservar un equilibrio saludable entre la tecnología y el bienestar humano.
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Eliminar¡Gracias por tu comentario! Totalmente de acuerdo contigo. La revolución digital ha transformado nuestras vidas de maneras asombrosas, brindando beneficios innegables. Sin embargo, es esencial reconocer y abordar los desafíos asociados, especialmente aquellos relacionados con la salud social.